
Aunque las palabras sean las mismas, me suenan distintas. Hace años, escribir significaba arrastrar el lápiz sobre el papel blando y delgado. Las letras cabían entre las finas líneas azules, como mascotas obedientes. Del sonido de la mina gris caminando sobre la hoja blanca nacía el mensaje.
Cada estudiante tenía su propio texto que le explicaba cómo crear cada letra, cómo poner los puntos sobre las íes, la rayita a través de las tes. Escuchamos música jazz mientras practicábamos escribir
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Nos graduamos de los lápices a los bolígrafos borrables, que contaban con un borrador chiquito en el capuchón. Los maestros no aceptaban de otro tipo. Se supone que querían implantar la idea del parecer profesional – la tinta permanente, el sentido ya maduro – pero aun con alguna protección, una semejanza a la edad más temprana.
Tengo la vista fija en la pantalla. Las letras que veo no son como las de antes. Deletrean las mismas cosas: mi nombre sigue lo mismo. Pero ya no son dibujitos que puedo borrar si no me sirven. Son pequeños agujeros negros dentro de una bombilla plana, que se enciende para que mi cerebro tenga un lugar para echar los pensamientos.
La página no está hecha de papel, sino de luz. Las letras no están hechas de mina, ni de tinta, sino de la falta de luz. El mensaje que intento crear – ¿de qué está hecho? Aún no lo sé.
Acerca del blog Escritos para desocupados de Vivian Abenshushan, escritora mexicana:
Nuestro caso, en pocas palabras, es éste: hemos perdido toda facultad de trabajar en cualquier cosa que no sea la crítica sistemática del trabajo forzado. En eso nos empeñamos todos los días, durante jornadas magníficas de ocio e incertidumbre.
Tres ejemplos del “cadáver exquisito,” una forma de escribir en que varias personas colaboran para crear unos versos o imágenes. En nuestra clase, este ejercicio se llevó a cabo el 31 de marzo, y cada estudiante contribuyó una frase al creciente poema colectivo.

Y entonces descubrimos que el queso de la luna se había echado a perder.
Pero me daba cuenta de que había olvidado mis zapatos.
Tranquilo.
Estamos seguros.
Era la felicidad que me daba la más sorpresa.
¡Oye! Han llegado los perros.
Tengo que llamar a mi mamá.
Dios ha muerto. –Nietzche
Nietzche ha muerto. –Dios
Vivo en ansiedad, sin esperanza, con ninguna oferta de trabajo. ¡Que futuro apenoso!
El sol es más brillante hoy que nunca.
Y todos los sábados, La Susana les da como yapa a los jóvenes una papaya grande.
No sé qué voy a hacer el año que viene, pero a mí me gusta su camisa naranja, de verdad.
Tenedor tenebroso me mira de lado.
La rosa roja pierde su color blanco.
Luna, luna llena y agua.
Lo que vi cuando me desperté.
Embarazada de tristeza, salí de mi casa.
Nadie te dijo que sería fácil.
Hemos olvidado todo sobre quienes somos.
Después, nunca regresaba a este lugar ridículo.
Aparecieron las mariposas amarillas.
Y todos se fueron.

Como una pantalla brillante sin nada que mostrar,
Muñecas que duelen la mayor parte del día, han sido mis años.
Las lámparas que iluminan la pieza todo el tiempo
Sin darse cuenta del flujo de luz al otro lado de la ventana.
Como ruidos pequeños que vienen no de objetos
Sino del teléfono celular, el que produce no personas verdaderas
Sino sus voces ajenas, deformadas.
Una boca sin una cabeza,
Incluso sin una boca.
Y la noche pasa lenta,
Como una búsqueda en Google sin banda ancha
Y el trabajo que nunca alcanzo terminar mientras espero.
3:00 am
Hora perdida
Rodeada por éter
Negro e inmóvil
12:00 mediodía
Hora de nacer
De soñar, hacer planes
Que se van a cumplir
5:00 pm
Salida del día
El sol cierra el mundo
En una bolsa para llevar
11:59 pm
Está en las últimas
Una bocanada, temblar,
y despídete ya
Según Wikipedia . . .
El término arte encontrado —más comúnmente objeto encontrado (en francés objet trouvé) o confeccionado— describe el arte creado a partir del uso no disfrazado, pero a menudo modificado, de objetos que normalmente no se consideran artículos, con frecuencia porque ya tienen una función mundana y utilitaria.

Mendoza

Pinoshit

Cerditos

¿Por qué escribir? Y ¿cómo? Algunos escritores han compuesto unas listas de consejos que reflejan su filosofía hacia escribir o, por lo menos, lo que intentaron a hacer. Todos estos enlaces vienen del sitio Ciudad Seva (cyberbiblioteca sobre el arte de narrar), donde se encuentran aun más textos acerca de este tema.

Playa del Chepu
La segunda isla más grande de Sudamérica se llama La Isla Grande de Chiloé.
Al entrar, está todo nublado y de repente empieza a llover. Las nubes de plata cubren todo menos la costera oeste, frente al Océano Pacífico. Chiloé es un mundo aparte.
En el sector de Chepu, la población se mide por la cantidad de familias: veinte dos. Aquí vive Javier con sus padres, su hermana Paulina, y el perro Goliat, al lado de la casa de los abuelos. Hace unos años su tío se fue para Con-Cón.
Antes de ir a la escuela, Javier ayuda a los abuelos a lechear las vacas para que hagan el queso, que también lo hace al regresar por la tarde. Paulina le ayuda a la mamá a cocinar el cordero.
La playa está a veinte minutos a pie de su puerta. El sendero pasa por el campo que rodea la casa, los terneros pastando a cada rato. El vecino cuida de unas colmenas azules, rosadas, y verdes.
Todos los sábados viene la abuela al cementerio para colocar flores en la tumba de su padre, que murió hace apenas seis meses. Hay sólo tres tumbas aquí, rodeadas por pasto amarillo, y el cementerio está vacío. Al otro lado se alza la escuela de Javier, que también está vacía hoy.
Un poco más adelante, los botes están inmóviles en la orilla del arroyo. Van a llegar, piensa Javier. Igual que el año pasado, los pescadores van a llegar.
El sendero sigue la corriente de agua hacia la playa. Por la cima de un cerro, se ve la tierra pantanosa y unas yeguas caminando lentamente a la distancia. No hay más sendero, sino la arena y los arboles que parecen un paisaje Seussiano. El arroyo, que ahora es un río, desemboca en el océano.
Se ve también el azul del cielo, de un color un poco más intenso que él del Pacífico abajo. Continúa así por tantos kilómetros, piensa Javier. Imagina que, a la otra orilla, hay una persona mirando hacia el este, buscándolo.

Javier

Mapa Chiloé
Manada de Vacas
Vacas
Un relato basado en el cuento “La autopista del sur“, escrito por Julio Cortázar.
Me hace pensar en una manada de vacas. Siempre tienen derecho de paso, mientras las motocicletas y autos y camiones gigantescos tienen que parar. Tocar la bocina sería mal educado.
Las vacas tienen un ritmo propio, una cadencia que ni siquiera controla su vaquero. Más que nada, las vacas pasan los minutos y las horas de pie, sin moverse. Y ¿qué se puede hacer?
Aquí estamos, apenas treinta pies de la puerta, por la cual tenemos que pasar para abordar el vuelo de retorno. Pero ¿por qué tanta gente? Hay una muchedumbre por todos lados, hasta que nadie se mueve. El sardarji al frente de la cola se sienta en una silla alta, y detrás de él hay una guardia armada.
No es simplemente que no movamos de cuerpo. No hay un flujo de información, y nadie nos ayuda en comprender lo que nos está pasando. Estábamos aquí ayer cuando nos contó que se había cancelado el vuelo y que teníamos que irnos del aeropuerto hacia un lugar unos cuarenta minutos de allí.
Somos buenos para seguir instrucciones. En eso, uno se siente un monumento de voluntad, como si otra persona no pudiera mandarte salir. Con algo de tiempo y un poco de espacio, se puede crear la idea de una vida propia en que uno mismo se domina.
Imaginario, claro, pero sirve.
En este momento, ¿qué podemos hacer, además de quejar, y preguntar, y pedir información a los demás que aun no saben nada?
—Este es el tercer mundo—me dice papá.
Quiero conocer a los que están en la fila-que-no-es-una-fila a mi lado. ¿De dónde vienen, y a dónde van? A nadie le gusta esperar indefinidamente, supongo. Tienen esposos, hijos, vidas fuera de este aeropuerto. Pero seguimos en el mismo puesto, como pegados al piso.
Parece como si el sardarji no nos viera. La fila-que-no-es-una-fila tiene la forma de un océano pequeño, con caras que flotan en la superficie.
Somos todos vacas a punto de ahogarse, hasta el momento en que se emerge. Una persona, espacio vacío, más gente que llena el agujero. Un sueño del progreso.

Manada de Humanos

